Nació
en Villa María (Córdoba) en 1962 y reside en Río Ceballos (Córdoba)
desde 1986. Desde 1980 fue antologado en volúmenes de SADE,
Federación Cordobesa de Escritores, Feria del Libro Córdoba,
etc. De ahí en adelante, colaboró con textos poéticos y narrativos
en diarios y revistas de la provincia. En 1993, la Municipalidad
de Córdoba seleccionó y publicó su primer libro de cuentos "Las
Murallas", por Editorial Vestal. En 1999 publicó en coautoría
con Ives Romero el poemario "Cuadro Sinóptica". Además, actuó
como jurado en el "Primer Concurso Literario de La Aldea", realizado
en Río Ceballos. En 2006 obtuvo el 2º Premio en Narrativa en
el Certamen Nacional "Homenaje a Silvina Ocampo", organizado
por la Editorial de Los Cuatro Vientos,integrando una antología.
En ese mismo año, se le adjudicó una Mención Especial en el
III Concurso de Narrativa "Macedonio Fernández", Buenos Aires,
integrando un antología de autores premiados. Actualmente tiene
concluidos dos novelas y un poemario.
Como decía Lacan: la verdad hace agujero en
el saber. Jakobson había puesto de manifiesto el eje de sustituciones,
o la dimensión metafórica del lenguaje. Ese logos de donde nace
la lógica tiene una etimología en "legión" (de demonios bíblicos),
es decir, multiplicación, como también reunión de lo diverso.
Así la unidad aparece desde la dispersión del non sense. De
este modo, Bianciotto como Holderlin, habita el mundo a la manera
de un poeta y todo se convierte, se reconvierte, sufre metamorfosis
Porque simplemente este libro de relatos tiene la enorme cualidad
de la poesía.
Liliana Díaz Mindurry
Primer Premio I CERTAMEN
por Horacio Bianciotto
Tesis lítica o arrebato del fragmento vital
Supongamos una pequeña piedrita que cae
en el pliegue superior de nuestro sombrero. (Recomendamos llevar
uno para el desarrollo de esta tesis). Allí cae por ventura,
o por un complejo sistema simbólico relacionado con la
Teoría del caos. Su origen puede ser del más variado.
Para citar antípodas: el desgaste de un alero o el abismo
sideral.
Lo cierto es que esta diminuta representación del Cosmos
se deposita en el cráter que corona nuestra mollera y
todo parece definitivo; pero un movimiento brusco (ejemplo:
un saludo) la precipita milagrosamente a la fisura que delimita
el suéter con el cuello de la camisa. La piedrita derrapa
por el pectoral y va a reposar en el bolsillo superior izquierdo.
Hasta aquí, nuestra historia personal se mantiene al
margen del derrotero. No obstante, acontece que sacamos el paquete
de cigarrillos y el meñique derecho engancha la piedrita,
la libera de su oscura celda y, en inusual elíptica,
desciende para introducirse en la cintura del pantalón.
La partícula mineral, en vértigo desesperado,
golpea contra los pliegues de la prenda, rebota en la costura
de la bocamanga y es tragada por las fauces cruentas de la caña
del borcego o zapatilla de basket. De ahí a rodar hasta
el umbroso talón sólo hay un parpadeo.
Por fin, aquello que fue un desprendimiento del azar, una no-personita
arrancada de su madre lítica original, yace en la planta
del pie e irrumpe - ahora sí y de modo crucial - en nuestro
sistema neurotransmisor. En pocas palabras, puteamos porque
duele. Estamos apurados y la marea humana de la avenida no es
buen entorno para andar desatándose el calzado y llevar
a cabo la poco honorable acción de quedar con un pie
en postura de grulla. Para colmo de males, ese agujero en la
media delata la impudicia de un talón con prominente
taco de callos.
A pesar de tanta conspiración del destino, capitularemos
frente al aguijonazo y realizaremos la operación liberadora.
Irremediablemente, la piedra caerá en la vereda, dará
un par de piques y rodará, desamparada, para recalar
en la humedad ominosa de un charco.
Vuelto el calzado a su lugar, continuaremos rumbo hasta que
un pensamiento perturbador nos recuerde a la piedrita.
¿Y si hubiera sido un escorpión rebosante de ponzoña,
o una espina infestada de tétano? Sin duda, el reloj
existencial marcaría al revés.
Estúpidamente, nos alegramos y olvidamos el asunto. No
reparamos en que la piedrita nos ha desgarrado para siempre
un poco de piel, un poco de alma, una porción de existencia.
Y a partir de entonces estaremos un poco más solos que
antes.