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.: Ensayo Literario por Liliana Díaz Mindurry


La Cábala en la poesía de Borges
                                                                       
 Qabbalah significa “tradición, recepción”. Empieza siendo una protesta silenciosa de los místicos judíos contra el formalismo.

Se cree que tiene orígenes extranjeros (persas, babilonios, gnósticos, cátaros, etc), asimilados por el judaísmo, atribuibles al pensamiento helénico, apocalíptico y neoplatónico. Hay doctrinas judías básicas como las especulaciones sobre los nombres divinos, principios de amor, mesianismo.  El Talmud tiene elementos dispersos de esoterismo para iniciados: la cosmogonía del relato de la Creación, teosofía que se ajusta a la visión del carro divino de Ezequiel. El Sefer Yetsirah  (Libro de la Creación) sobre la base de los números, establece una relación entre el organismo humano y el cosmos. Hacia 1200 en Provenza se elabora una cábala sistemática por influencia de Isaac el Ciego. Más tarde el Sefer ha- Zohar (Libro del Esplendor)  se convierte en la Biblia de los cabalistas: el sentido místico de la Tora (Ley). Tras la expulsión de los judíos de España, en el siglo XVI, Isaac Luria  modifica la teoría de la antigua cábala poniendo énfasis en la labor ascética del hombre con miras a la redención mesiánica. Se distingue la cábala teórica (conocimiento místico) de la práctica con carácter mágico (conjuración de ángeles, números, etc). El sentido es la purificación moral y la intensidad espiritual.

 Dios es ain soph el Imperecedero que se manifiesta en diez emanaciones o sephirot (Sabiduría, Razón, Conocimiento, Grandeza, Fuerza, Belleza, Eternidad, Majestad, Principio y Soberanía). El hombre está llamado a la gloria de los cielos si dedica su vida a Chabad  (Sabiduría, Razón y Conocimiento).

La creación no es obra del principio divino primero inmanente y trascendente sino de emanaciones sucesivas. El principio divino que actúa en la creación se manifiesta en los diez Sephirot, cuya totalidad forman el Adam qadmon (hombre de los orígenes, o diría Borges con terminología griega “el Hombre Arquetipo”) y en la Kahod(majestad divina). Con el objeto de colmar el vacío entre el primer principio inaccesible y el mundo de la creación, Luria introdujo la idea del Tsimtsum (autolimitación de Dios). También hay repartición en columnas, encarnando la izquierda el principio negativo (Sitra ahara: el otro lado) Entre estas polaridades se sitúa el hombre que refleja el hombre original. El primer ser era puro: llevaba en sí la humanidad entera y las almas de todos los hombres. Como consecuencia del pecado se hizo vulnerable y débil. Gerhard Gershom Scholem (1897-1982) publicó la Bibliografía Kabbalistica. Su obra  permitió devolver al judaísmo su religión y las tendencias profundas del alma judía: fue su campo de estudio la compleja historia de las raíces y el punto obligado para un estudio histórico de la Cábala.


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            Lo primero que podemos decir que le interesa a Borges de la Cábala es la negación del azar que aparece en un texto corriente.  Todo es gratuidad en un texto corriente. Extensión y acústica no importan como en la poesía -se burla- donde lo casual es el sentido y no las supersticiones eufónicas. En algunos autores, (cita a Valery), sin eliminar el azar, lo limitan. Sonríe: se aproxima a Dios el que no encuentra en el azar (vago concepto) el menor sentido. En la Cábala el azar es “calculable en cero“, es decir, cero contingencia: lo Absoluto.  No puede haber grietas. Las revelaciones acechan (infinitas) en las infinitas combinaciones.

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            Si Dios dijo “sea la luz y fue la luz”: esta virtud procedió de las letras de las palabras.  Y hasta de la entonación. Otra palabra y otra entonación y el resultado no habría sido la luz, sino algo muy diferente. En el Sefer Yetsirah  Dios creó el universo mediante los números cardinales (uno a diez) y las veintidós letras del alfabeto. Dios las dibujó, las grabó, las combinó, las pesó, las permutó: resultado es lo que es y será.  Hay letras con poder en el aire, en el agua, en el fuego, en la sabiduría, en la paz, en la  gracia, en el sueño. Más ironía : la letra kaf tiene poder sobre el sol, el miércoles y la oreja izquierda. Por eso el poseer el nombre de Dios es el mayor poder y lo peor es olvidar el nombre (perder la identidad personal). Leemos en “El Hacedor”: (…) para que un día/ de exaltación gloriosa o de agonía/ pueda escribir su verdadero nombre. Aquí es útil comprender que se desplaza el interés del nombre de Dios por el secreto nombre humano.

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 La escritura fue anterior a la palabra: las letras son anteriores. Se trata de una escritura críptica, cifrada. Cada letra tiene un valor numérico.
Por tanto, dice Borges, el libro sagrado no es el mismo concepto del libro clásico. En un libro sagrado no son sólo sagradas las palabras, sino las letras con que fueron escritas.  Nada es casual. Por ejemplo  se comienza con la bet (letra “b”), inicial de bendición. (Brajá: bendición). De todos modos el interés de Borges es el del libro como metáfora del cosmos. En “El Hacedor”: proyecto de cifrar el universo/ en un libro. Conforme a esta idea obsesiva, en “El Otro, el mismo”: Todas las cosas son palabras del/ idioma en que Alguien o Algo, noche y día/ escribe esa infinita algarabía/ que es la historia del mundo.

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Los errores y horrores del mundo del mundo se deben a una divinidad que ha ido disminuyendo hasta Yahveh (doctrina de las emanaciones). Legado de los gnósticos. Sin embargo en “El Hacedor”, invierte la idea, es decir, un Dios anterior culpable del mal: ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza/de polvo y tiempo y sueño y agonías? Es interesante observar que ese “dios” anterior es con minúscula, mientras que el “Dios” posterior usa mayúsculas. Como si el pobre Dios del Bien fuera un títere de un demiurgo (dios) del mal. Este tipo de juegos resumen la estética borgesiana. Siempre el giro que trastorna el orden de los mitos. Lo que le atrae de la cábala son esas alteraciones especulares (donde como fantásticos rabinos/ leemos los libros de derecha a izquierda).

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            El mito que más le interesa a Borges es el del Golem. Adam será el primer golem. La Cábala parte de la idea de creer que nombre y cosa están unidos, al punto de que incluso el nombre es Arquetipo, por tanto contiene la esencia de la cosa y hasta es anterior. El rojo Adán también lo supo en el Edén y lo borró su falta. Después toda la historia judía será buscar el Nombre perdido. Leemos en “El Otro, el Mismo”: Si (como el griego afirma en el “Cratilo”/ el nombre es arquetipo de la cosa,/ en las letras de “rosa” está la rosa/ y todo el Nilo en la palabra “Nilo”. El que llegara a pronunciar el Tetragrámaton (nombre de cuatro letras de Dios) podría crear un mundo y un golem. Este Nombre está adjetivado como terrible: en sílabas y letras contiene la esencia y la omnipotencia de Dios. Un rabino (Sediento de saber lo que Dios sabe,/ Judá León se dio a permutaciones/ de letras y complejas variaciones/ y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,// la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,/ sobre un muñeco que con torpes manos/ labró para enseñarle los arcanos/ de las Letras, del Tiempo y del Espacio) crea el Golem a través del Nombre.La vida tal como la conocemos: formas, colores, la red sonora, el antes, el después, el ayer, el mientras, el ahora, la derecha, la izquierda, el yo, el tú, aquellos, los otros. (El rabí le explicaba el universo/ “Esto es mi pie; esto el tuyo; esto la soga”/ y logró, al cabo de años, que el perverso/ barriera bien o mal la sinagoga). Algún error hubo en la articulación o la grafía porque no aprendió el habla.  El rabí lo mira con ternura/y con algún horror. Resplandece la burla de Borges: ¿Quién nos dirá las cosas que sentía/ Dios, al mirar a su rabino en Praga? Es con evidencia el tema del cuento “Las Ruinas Circulares”.
           
En la frente del Golem hecho de arcilla, inscribe la palabra emet (verdad). El Golem crece y se vuelve más alto que su creador, que le pide que le ate los zapatos El rabino sopla y logra borrarle el Aleph, primera letra del alfabeto. Entonces se lee met (muerte). Con lo que vuelve al polvo. Otras leyendas  hablan de un golem que se hace matar para no ser adorado como un ídolo.

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El gran tema de Borges es la metáfora del Universo como Libro.  Leemos “Elogio de la Sombra”: No importa. Sé que estás en el sagrado/ libro que abarca el tiempo.  Pero a Borges le interesa el hombre de Israel : un hombre que es el Libro,/ una boca que alaba desde el abismo. Un hombre condenado al escarnio, ahogado en cámaras letales, pero que se obstina en ser inmortal. Ese hombre de Israel hermoso como un león al mediodía, es una metáfora de cualquier hombre (tu viejo libro mágico, tus liturgias,/ tu soledad con Dios). Letra, símbolo, cifra de un enigma.


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En “La Moneda de Hierro” volvemos a Isaac Luria que declara que la eterna Escritura/ tiene tantos sentidos como lectores. Añade: Cada versión es verdadera. La literatura. El cabalista es el hombre y la literatura es todo (Todo es literatura).


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En los umbrales del postmodernismo Borges profetiza. Leo a Wittgenstein, un extraño lúcido, loco, brillante, judío o de familia judía (no importa si se convirtió o no al catolicismo), una especie de cabalista de la lengua: “La filosofía debería ser escrita como una composición poética” (Tractatus…)

LILIANA DIAZ MINDURRY                

Diaz Mindurry, Liliana
    Una mirada sobre obras y autors / Liliana Diaz Mindurry ; edición literaria a cargo de Patricia Bence Castilla. - 1a ed. - Buenos Aires : Ruinas Circulares, 2010.
    80 p. ; 20x14 cm. - (Octaedro / Liliana Diaz Mindurry)

    ISBN 978-987-1610-09-9         

    1. Ensayo Literario. I. Bence Castilla, Patricia, ed. lit. II. Título
    CDD A864