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Irma Elena Marc

 

 

 

"El Gigante"

(poesía)

 

 

 


Nació en Rosario, en 1951, reside en Corral de Bustos, Córdoba. Cursó estudios de Letras. Recientemente ha obtenido los siguientes premios y distinciones: 1ra.mención género Poesía, Concurso Internacional de la Fundación Honorarte. (Edición antológica). 2003 Finalista Concurso Nacional género Fantástico de la Fundación Ciudad de Arena, género Cuento (edición antológica). 2004 Finalista Concurso Internacional, en el marco del III Congreso de la Lengua Española, género Poesía, Editorial Homo Sapiens. (Edición antológica).2004 3er.Premio Concurso Nacional Suplemento Literario El Subsuelo, diario EL Popular de Olavarría, género Microrrelatos. (Edición diario El Popular). 2005 Finalista Junín País- género poesía- Finalista Concurso Palabraviva- España- género poesía.2007 Finalista en 2005 del premio de poesía Felipe Aldana de Rosario Finalista de Junín país 2007 y de Palabras Diversas de Madrid 2007

e-mail: irmamarc@hotmail.com

e-mail: irmamarc@gmail.com



Todo buen libro de poesía es una perfecta unidad que junta la aparente dispersión de sus pedazos: lo que no significa que no sea paradoja pura, transfigurada en belleza. En “El Gigante” la pequeñez mentada en el epígrafe de Sylvia Plath (“si soy pequeña, no puedo hacer ningún daño/ Si no me muevo, no tiraré nada”) se enfrenta con el gigantismo del Padre, de la Hiedra que crece (todo es oscuro cuando devora la hiedra) y tal vez los peligros: ser engullida, perderse, tocar lo oscuro, la intemperie, lo feroz. Coleridge se pregunta qué significa el poema. Breton acude a una explicación sobrenatural. Es el reino de lo imposible verosímil de Aristóteles. Si la poesía es una mirada que atraviesa la envoltura del mundo, esa mirada es una mirada frágil. En ella todo lo gastado por el uso se vuelve desconocido, y los poetas están llenos de manos, de ojos, de bocas como diría Rulfo refiriéndose al niño imposible de Dorotea en esa novela magistral que es Pedro Páramo. En el enjambre de palabras Irma E Marc con una exquisitez pocas veces leída llega a esa simplicidad de lo esencial. El gigante poético se vuelve breve, perfecto, conciso, de una sutil belleza. “Si soy pequeña no puedo hacer ningún daño”, dice irónicamente Sylvia Plath. Y sabe que no es así, que la poesía más imposible (el rastro que deja el agua en el agua) puede ser la más perfecta. Esta rara perfección caracteriza este libro. Resplandece. Así. Como la verdadera poesía: un paraíso ínfimo y devastador.

Liliana Díaz Mindurry