Es
Médico, Profesor de Toxicología de la UBA y reside en Buenos
Aires. Comenzó a escribir en 1997. Desde entonces obtuvo veintinueve
premios en poesía. XXI
Premio Fernando Esquío, España 2001,
Leopoldo Marechal de Morón,
2001
Premio Bustar Viejo 2001, España,
Premio José Chacón, 2003, España,
Roberto
Juarroz de Adrogué,
Torneos
Bonaerenses 2000, 2001 y 2005
Premio
de Honor en Poesía y en Narrativa de San Rafael 2000
SegundoPremio
de Honorarte 2004,
Premio
Cafetín Croché 2005, España.
e-mail: jackzutel@hotmail.com
Adolfo Zutel, en su tercer libro,
ha optado por una mirada de aparente objetividad. El título,
La calle de las cinco menos cuarto, pone una retirada de lo
subjetivo, al tiempo que abre un horizonte de expectación, que
nos compromete. Su propósito es indagar las aporías de un tiempo
en el que hemos asumido la libertad de construir nuestra peripecia
a espaldas de cualquier forma de absoluto y que nos muestra,
faltos, con un costado de orfandad. Un horizonte, en el que
se juega la suerte de la persona humana, como persona, bajo
la sombra de lo inefable. El examen apunta al costado de lo
imponderable, de lo invisible, de lo secreto. Como poesía, no
explica, sino desnuda. Con lenguaje inventivo, “ramas de la
nada”, “ventanas moribundas”, busca ensanchar el campo de lo
real, poner de relieve la insuficiencia de toda aproximación
convencional a los movimientos más profundos de la conciencia.
La imaginación poética es el instrumento para alcanzar ese algo
más que resulta esquivo a los latidos del corazón. Adolfo Zutel
hace suyo el mandato de ese otro explorador de sombras que fuera
Paul Celan, con versos atravesados por el calor de la plegaria:
a cavar a cavar // que vuelva el despertar, describiendo un
movimiento zigzagueante -de indagación, de descubrimiento- que
busca elevarse hacia zonas donde puede oírse el crepitar del
sentido. Es, sin duda, su modalidad del conocimiento poético:
un fluir y un avanzar a través de maniobras envolventes, tratando
de captar tanto al protagonista como al objeto de su búsqueda.
Su discurrir en apariencia narrativo, es violentado por quiebres,
saltos y atajos semánticos para intentar aprehender las grietas,
deslizamientos y tropiezos que forman el continuum en que nos
movemos en esta época de falta de certezas.
Adolfo Zutel tiene una posesión onírica
que domina sus expresiones. Efectúa con ellas un tratado
de supervivencia para poder decir sin demolerse. En ese acto
íntimo de creación poética ingresa a un
círculo que gira y gira y su voz dice sin que ninguna
palabra desfallezca. No es un hombre que mira inmutable lo que
sucede a su alrededor; por el contrario, el poeta mientras construye
la idea, la disecciona, macera sus imágenes, porque previamente
ha realizado una inmersión, un viaje a los abismos de
la propia interioridad, ha medido el calibre del arma que ataca
la sensibilidad. Es por eso que no la pierde de vista, la adosa
a él, la lleva por los poemas, la detiene ante las sombras
más crecidas.
Liliana Chavez